Homilía del rapapolvo

Me ponéis muy difícil lo de no meterme en asuntos eclesiásticos, es una promesa que no me ayudáis a cumplir con tanta historia.

Yo pensaba que era el alma la que resucitaba, que el cuerpo, polvo es y a él vuelve (ssschhhh, silencio ésa risita) que después de muerto , el muerto no tiene culpa de sus restos, que los restos son cosa profana, que si a rezos vamos a la iglesia nadie la gana, y resulta que ahora es, no os da la gana. Que hay que enterrar en campo santo para no perder el rezo a los difuntos… Que será de los cuerpos sin sepultura, huérfanos de oración por la santa madre iglesia, que tendrá que conformarse con el llanto de su santa madre de dolores en parto, de aquellas catástrofes donde los restos hacen fosas comunes cenizas revueltas, manipulación y simulación, hincar rodilla enterrar al muerto y volver en procesión al dolor por el resto de otra vida, no olvides que si eres mayor y no vas al cementerio, condenas a tu muerto y tu vida.

Señores dueños de terrazas, miren bien donde esparcen las cenizas de sus clientes que se están fumando la vida, porque no todo vale, vayan a verse en procesión, a los parroquianos, rezando al cubo de basura con el chiquito en la mano, y a dios faltando. Y esto me plantea un dilema, dónde sacudo yo, la bayeta del polvo de tanto día muerto…
Porqué no os vais a preocupar de tantos muertos en vida, y no de lo que hacen ya los vivos con sus muertos, por qué, ehhh ?